sexta-feira, 26 de abril de 2013

O bêbado e a fada ("The drunk and the pixie")



Um bêbado jogado numa calçada como umas dessas tantas calçadas mundo a fora... assim como também são tantos os bêbados quaisquer jogados pelas calçadas por este mundo. Este, no entanto, viveu uma história muito particular numa noite de quarta feira na cidade de... numa cidade qualquer, como tantas outras que existem mundo a fora =)

Depois de muito beber e ter todo seu dinheiro tragado pelo fervor de sua necessidade por álcool e  máquinas de caça-niqueis, nosso personagem cai a duas esquinas do bar onde bebera e a não muitas  de sua casa, onde esposa e filhos o esperavam (àquela hora, já dormindo).




Assim, caído e sem rumo, ele arfa, como se lhe houvessem enfiado a cabeça num balde cheio de um viscoso  rum... o silêncio da noite só existe dentro dele... lá fora os pássaros cantam vigorosamente pelo começo da primavera: é noite, mas eles a atravessam cantando e piando. Nosso amigo murmurumina qualquer coisa...

[Aparentemente ele cantarola desafinadamente um Carlos Gardel]





Uma fada passando por ali e vendo a cena lhe dirige a palavra:

"- Oque se passa, amigo?"

O bêbado lhe responde:

" - Ehrrraaaae esss  dbdvsvjcme  ellliiia ..."

[Suas palavras soam mais como grunhidos]

"-Como?"

"-Wehggjjdienbbkk jnnn laaaaaalala"

"-Hummm... pelo visto o senhor bebeu muito dessa bebida que vocês homens tanto gostam. Ahhh vocês, homens... "

[ela termina a frase num sorriso irônico]
[...quase maroto]

-Faremos o seguinte então.... eu limparei o seu sangue e te darei a pureza da sobriedade de volta...só que pra isso terei que lhe transformar numa lagarta.

[O bêbado tenta levantar a cabeça...]
[ parece estar tentando entender quem ali está menos sóbrio]

Num balançar de mãos e braços suave - como num passe de mágica - nosso amigo é metamorfoseado.

Subitamente sóbrio, ele tenta tatear seus bolsos. Logo, descobre que não tem mãos.

-Ó, céus... sou uma lagarta agora!... como terei uma carteira de agora em diante?

A fada, logo ao lado, lhe responde:

-Se enxergue!!! Você é uma lagarta!!! Lagartas não usam carteiras e muito menos têm bolsos!!

O homem se olha, dá algumas voltas procurando pela própria cauda...e diz.

"-Estou sóbrio... estou sóbrio..."

[A fada assiste àquilo em silêncio]
[Ainda mais por que o homem parece falar consigo mesmo e não com ela]
[...]
[mais silêncio]
[Passam-se alguns minutos, os quais a lagarta passa dando voltas caçando sua pŕopria cauda]

Até que a lagarta, antes um bêbado, diz

"-Obrigado, senhorita fada.... agora poderei voltar ao bar para uma nova rodada."

E seguiu adiante, rastejando e assobiando enquanto a fada mexia os braços e gritava 

"Vai pra casa, lagarta!!"


[Fiz esses bonecos com massa de fazer macarrão...]
[...enquanto meus amigos trabalhavam fazendo macarrão para todos no grupo comerem eu ficava lá, esculpindo esse bêbado]
[Devo agradecer a um amigo meu que disse que o boneco parecia estar bêbado, já que ele só caia e não parava em pé]
[A partir disso a história meio que seguiu naturalmente...e ele acabou se metamorfoseando em uma lagarta]
[ No final, como ele tinha que virar macarrão para alimentar aqueles glutões, tivemos que sacrificá-lo naqueles rolinhos de preparar spaguetti]
[O mesmo amigo então sugeriu que filmássemos o nosso amigo "caterpillar" (prefiro a palavra em inglês) sendo deglutido vorazmente por aquela máquina...mas a luz estava muito fraca e não saiu nada no vídeo: nosso amigo caterpillar ( o "real") morreu sem honra ou glória alguma...]



segunda-feira, 22 de abril de 2013

Saudade

Poutz... vi esse vídeo e me lembrei das tardes de final de semana em que eu pegava a bicicleta pra ir até a praia vermelha, minha praia favorita no Rio... e só ia por ir e ver como era gostoso ficar lá ( acho que nunca entrei na água lá)


segunda-feira, 15 de abril de 2013

Serenidade, sobriedade... [ "linearizing about the (BWV 998)"]

Interpretar uma peça ( de música), para mim que não penso/foco a técnica, é algo que só ocorre quando estou num estado de espírito muito tranquilo: é a serenidade de desenvolver e crescer ao longo de erros, de novidades, de enganos e de surpresas. É a sobriedade de saber suas limitações e do quanto você ainda tem que se esforçar para superá-las. Me surpreender com o belo que já (ou)vi mil vezes... mas que nem por isso deixa de ser belo: como se me apaixonasse várias vezes pela mesma mulher e em cada vez a intensidade fosse diferentemente única e surpreendentemente linda... o "mesmo"  quadro com outras cores... bailarinas do Degas, estudos de Pablo Picasso, o colorido abstrato nas telas de Kandinsky, "o respingo" de genialidade nos traços que não existem em Pollock...  no colorido vivo de um Miró... 


[Estou "estudando" o trecho dos 2:18 aos 8:20,]
[mas se você nunca ouviu deveria ouvir desde o começo]


[Acho que o fato de o vídeo estar com alguns defeitos deixa a interpretação mais próxima da minha...]
[... "excessivamente" imperfeita e humana] 

[hahaha] 

=)








quarta-feira, 3 de abril de 2013

La luz es como el agua ( Gabriel García Marquez)


[Conto de Gabriel García Marquez]

En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.

-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.

Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.

-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.

-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.

Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.


El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.


Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.

-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?

-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.





La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.






Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.

-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.

De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme.








Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.




-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.

-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.

-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.




-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.

Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.

En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.

El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.

-Es una prueba de madurez -dijo.

-Dios te oiga -dijo la madre.

El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.

Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.

Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.

[AINDA TENHO QUE TERMINAR O RESTANTE DOS DESENHOS!!!]



 [Vou postar esse conto por que no futuro próximo acho q farei uma referência a ele...]
[Também por considerá-lo uma tragédia feliz em que todos no final terminam (sor)rindo]
[E por que ele me faz lembrar de Madrid... e que estive lá mas não nadei em mar de luz algum. Enfim...a viagem ainda assim valeu à pena haha ]

=)